NYDIA ANDINO, MARIO ARANA, SUSANA OCAMPO

LOS OTROS...YO
Octubre, 2007


IDENTIDADES DESCONOCIDAS
El retrato evidencia una práctica común desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días, significa que alguien destacó un rostro particular, a veces captando el parecido y logrando de los otros, el reconocimiento absoluto desde la aguda observación del autor del retrato, determinando así una rúbrica de identificación con anclaje en la realidad.

Los retratos que se presentan en el MAC son miradas y descubrimientos personales, desde imágenes realizadas por tres artistas de nuestro medio, se trata de obras de mediano y pequeño formato, logradas con técnicas y estilos variados, y si bien son rostros, no apuntan a determinar parecidos e interpretaciones de reflejo y reproducción de lo real, sino que apelan y dan importancia a los valores subjetivos de la identidad no reconocible del retratado, en ellos carece de importancia la identificación individual, para sí evidenciar en cada rostro, una serie de individualidades de una captación psicológica profunda, con valores subjetivos de análisis personales. Probablemente quien retrata proyecta el hecho en sí mismo y ancla en el yo propio, complejas intenciones que son indudablemente implicadas en la generación de las imágenes.

Los artistas retratan y a la vez están recuperando una amplia gama de impresiones que tienen de sí mismos y de los demás cercanos. Deben realizar varias operaciones en el ejercicio de su imaginación, para equilibrar lo que proyectan, sobre lo conocido y construyen mentalmente, con el resultado de la imagen lograda, instalando así, al otro representado.

Recuperar la información almacenada de rostros propios y ajenos será el desafío de dejar plasmado en un individuo imaginado, las variadas simulaciones mentales de registros físicos reales, reconstruirlos para luego construir así, la trayectoria del proceso de realización de las obras, proyectando, imaginando y agregando dimensión humana a la percepción visual de este tan particular género artístico.

Los artistas se observan a sí mismo, asociando y a la vez disociando la mirada integral que tiene de su yo, pasando por multitud de hechos primarios, garantizados desde un reducto interno que da como resultados “informes introspectivos únicos” de su propia historia, informes que suelen determinar “sesgos” subyacentes en la obra. Es probable además, que muchos de los procesos responsables de imágenes finales, sean inaccesibles también, a la conciencia y a la introspección del propio autor.

En esta muestra los artistas se han preocupado por captar el carácter, personalidad y psicología de cada personaje, revelando aspectos del “alma” del sujeto. Muy elaborados en sus tratamientos pictóricos, pero con un grado de improvisación sostenido en casi todas las obras, los artistas se concentraron en la parte substancial, las expresiones y su penetración psicológica y la modulación emocional en estado puro, desistiendo, como dije antes, de la función representacional del retrato.

En consecuencia el retrato es un ejercicio de imaginación profunda, es un proceso de múltiples variables y conocimientos, es una forma asombrosa de organizar la información almacenada y es en definitiva la recuperación de la propia existencia.

Nidia Andino presenta una variedad de personajes que dejan adivinar aspectos biográficos de sus vidas, ya que se puede suponer a qué se dedican por lo que portan en sus manos, en su boca o en su cabeza. Produce sus retratos implicada en el respeto de los límites que le impone la materia pictórica y, a la vez, en la osadía de manejarlo con desenfado, ha entablado un fecundo diálogo con la técnica que usa para sacarle el mejor partido, lo hace desde el derroche de energía que se manifiesta en la exageración de los gestos y la fuerza que aplica en la violenta oposición de los tonos, la actuación simbólica del color se convierte a su vez, en el elemento esencial para manifestar la convulsión interior de su notorio éxtasis expresivo.

Se adivina en su obra una lograda amalgama de expresión visual y procedimiento claramente inclinado hacia el expresionismo neofigurativo, conmoviendo desde sus imágenes contundentes y de alto impacto visual. Develadoras apariencias, donde interior y exterior de cada rostro, dejan de ser elementos intencionalmente diferenciados para mixturarse, casi descarnadamente, en empastes atrevidos, de fuertes colores en lugares inesperados, dejando entrever zonas ocultas, que se pueden apreciar en la profundidad de los rasgos logrados.

Andino pone su sello de autenticidad en los retratados, se da el gusto una vez más de atreverse a todo. Sabe hacerlo.

Mario Arana nos ofrece retratos en acuarela, evidenciando un tratamiento técnico sin estridencias, con un fuerte control de las tensiones que se producen en el plano, es capaz de crear, en casi todos ellos, particulares atmósferas en la sutileza que aplica en su depurada técnica.

La extremada sobriedad y simplicidad que otorga a sus retratados se fundamentan en las líneas moduladas y cargadas de imperceptibles acentos que penetran a fondo en sus personajes, develando en cada uno identidades particulares.

Los rostros de Arana tienen todos sus atributos conocidos, sus elementos componentes están implicados en la participación conjunta, en armonía y comunión, todos ellos hacen a la totalidad, compensándose mutuamente, interviniendo como parte e hilvanados entre sí, resultan en retratos intimistas de mudas presencias, en una corporeidad mórbida instalada a partir de las variaciones de efectos de la materia en acción, velados en una clave pictórica subjetiva y severa, que va de los cálidos a los fríos sin sufrir altibajos.

Algunos saltan de este análisis y dan un paso atrevido, para presentarse con su total intensidad, tanto en su planteo compositivo como colorista, logrando un conjunto de gran interés visual.

Susana Ocampo despliega su serie de retratos en dos tramos bien notorios, un grupo de rostros retratados desde un desarrollo de juegos identitarios que alternan hallazgos y acentos puntuales en cada sujeto, algunos acentos están en los rostros, otros en los ornamentos que los rodean. Son personajes que, como en un grupo familiar se adivinan los rasgos comunes y algún sesgo de parentesco, o reflejo simultáneo, que los caracteriza. Focalizados en sus rostros, que ocupan toda la imagen, permiten dar cuenta de una individualidad “no referente”

La artista utiliza el color como el elemento expresivo central, sin dejar de lado el empaste, técnica de su gesto activo en su estilo lúdico expresivo, para acentuar más aún la simbología visual.

En el otro grupo de retratos, se observa un soporte singular, están realizados sobre placas radiográficas, son interiores humanos que sirven de sustento a la deformación, a la distorsión y hasta la desintegración, en esta serie de figuras evanescentes. Sus gestos metamorfoseados hasta la desaparición de sus rasgos, se simplifican en la metáfora del vacío, marcando en la pérdida del contorno, un punto de inflexión en la representación figurativa de Ocampo.

En este caso, la compulsión gestual de las pinceladas con sus efectos de ligereza y sugerencia son los elementos que dan entidad a las imágenes de los enigmáticos retratados, así la identidad del modelo queda escondida debajo de un traslúcido manto que envuelve la figura y el fondo con el mismo efecto deformador.

Curación


















Montaje 





Inauguración























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